Horadar las tinieblas con una lámpara es perder la lámpara y las tinieblas

domingo, abril 10, 2011

Planeta superpoblado y nosotros más solos que nunca

La era moderna nos promete felicidad aquí en la tierra, no después de la vida, en una muerte que no sabemos qué es. No se cree ya en el paraíso posterior, se desea el paraíso aquí. El miedo al dolor es inminente, ¿por qué sufrir, si a este mundo vine a ser feliz?
Con la promesa de la felicidad usualmente viene la promesa del progreso. Un futuro que siempre es mejor, pero que no deja de ser un sueño al que nos aferramos y que nunca – o casi nunca- llega.
La soledad es el mal moderno, o yo diría, actual. En la búsqueda de felicidad nos alienamos, tememos abrirnos, entregarnos. El resultado es un sufrimiento, si no más grande, sí más duradero: el solipsismo.

Ahora entiendo cómo es que se puede estar con alguien – o creer que se está – y estar profundamente solo…

La solitude
La solitude fait partie de la nature humaine.
Mais, dans notre société aliénante,
la solitude des individus s’en trouve décuplée.
À l‘ère de la communication,
jamais la solitude des individus n’a été aussi grande

Tantas despedidas, y al final sigo siendo la misma

No me puedes cambiar, ni yo puedo.
Retomo mis domingos sólo míos, aunque llenos de cosas que no me gusta hacer (nunca he sido un ama de casa ni lejanamente perfecta), siguen siendo míos. En esencia soy inevitable, como lo verás.
No me gustan las despedidas telefónicas, ya lo había dicho, me parecen aberrantes, ni me gustan las cosas a medias, pero la verdad es que al final nada termina. Tendemos hilos transparentes que pueden volverse invisibles, pero no terminar. Aunque haya olvido de por medio.
Así es, querido, que sigo estando en ti, aunque lo niegues o te emberrinches.
Y tú en mí, aunque siempre me emberrincho.
Mientras tanto, sigo tendiendo hilos transparentes, eso es la vida.

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